Ni hippies ni 17. Desde Alemania llega una de las bandas destinadas a convertirse en revelación. Esta formación y desenfadada, que ofrece piezas instrumentales alternadas con canciones propias en inglés, francés y alemán, se meterá en el bolsillo a los festivaleros con su directo cañero.

Liderado por Christopher Blenkinsop y su ukelele, el grupo reinterpreta sones tradicionales de otros países, como el Klezmer del Este, la polca, la chanson francesa o el baile cajún de Luisiana. Y lo hace fundiéndolo con pop y rock, estilos dominantes en la escena berlinesa en la que emerge la formación, sin que por ello pierdan su arome folclórico.

Tras doce años de continuos conciertos por toda Europa y otros tantos discos publicados, la banda gira con 13 músicos, que aportan al proyecto una espectacular riqueza instrumental. Contrabajo, banjo, ukelele y guitarra dan la base rítmica, en tanto la melodía la ponen los violines, el violonchelo, el acordeón, el clarinete, la trompeta y el trombón. Todos se van sucediendo en el escenario. Presentan Heimlich (en secreto), su último disco. Garantizan fiesta por todo lo alto.